MUERTE Y DUELO

El duelo es el proceso psicológico que vivimos las personas cuando se muere alguien significativo en nuestras vidas. Es un proceso doloroso, quizá de los más intensos que se puede sentir. Se viven sentimientos como la tristeza, el enfado, la culpa, la ansiedad y la impotencia.

Como todo fenómeno humano, el duelo es un proceso complejo con distintas dimensiones (pensamientos, sentimientos y conductas) y está influido por factores físicos (estado de salud de la persona en duelo), psicológicos (recursos para afrontar situaciones difíciles, personalidad y vulnerabilidad psíquica), sociales (disponibilidad de apoyo) y culturales.

Es un proceso «normal», no constituye una enfermedad en sí misma. Al contrario, su adecuado desarrollo puede implicar un mayor grado de madurez y crecimiento personal. Supone un desequilibrio importante en la vida de una persona y se requiere de un tiempo para su recuperación.

Son muchos interrogantes que se abren tras la muerte de alguien a quien se está unido.

  • ¿Cómo puede haberme pasado esto a mi? Pregunta muy habitual que responde a la necesidad de entender qué tienen las personas y suele estar relacionada con la creencia de ser víctima de un ataque injustificado. Es duro aceptar que haya sucedido.
  • ¿Podré soportar tanto dolor? Aunque parezca imposible, el tiempo va «haciendo su labor», los afectos se van resituando y la serenidad va ocupando lugar al dolor.
  • ¿Por qué no puedo reaccionar? Muchas veces, «no reaccionar» es un mecanismo de protección que evita el desbordamiento emocional.
  • ¿Cuánto tiempo dura este dolor tan grande? Los primeros meses resultan muy duros, teñidos de angustia y añoranza. Tras ellos, el malestar va disminuyendo y aun con el ánimo triste los periodos de serenidad son más amplios y la vida se va normalizando progresivamente.

Como en todo proceso que sucede a partir de un cambio muy importante y doloroso en nuestra vida, los objetivos principales serían:

  • Poder adaptarse a la vida sin la persona querida que ha fallecido.
  • Recordar al fallecido con afecto sereno, sin desesperación.
  • Expresar los sentimientos experimentados en un entorno seguro, tanto si son negativos como positivos.
  • Permitirse el retorno gradual a la vida normal dándose tiempo para asimilar lo sucedido. Las rutinas sirven habitualmente como elementos de contención y permiten la reorganización de la vida.
  • Hablar de la muerte de modo sereno.

La dificultad para vivir sin el ser querido fallecido es un reto difícil para la persona en duelo. Desde la serenidad y no desde la desesperación, asumir que no está físicamente pero recordando y valorando todo aquello que nos dio durante su vida y que ha pasado a formar parte de la nuestra.

Muerte y duelo.

Pilar Barreto Martín

Mª Carmen Soler Saiz

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