Agorafobia

De forma general, la agorafobia siempre se ha definido como un miedo irracional a los espacios abiertos (grandes avenidas, parques, entornos naturales…).

No obstante, esta definición no es totalmente correcta ya que la agorafobia no equivale simplemente al miedo a los espacios abiertos, sino que va más allá. Se trata de un modo de sentir angustia y miedo, cuya causa es algo más indefinido que la sola visualización de esos entornos abiertos.

El hecho de percibir esos ambientes juega un rol importante a la hora de originar ataques de pánico en personas con este trastorno. Pero el miedo que se produce no es simplemente por estos espacios en sí, sino por las consecuencias que se pueden producir al estar expuesto a esa situación. Este punto es muy importante y, en muchas ocasiones no se tiene en cuenta.

Parque con cerezos en flor

Por lo tanto, definimos la agorafobia como un trastorno que se caracteriza por mostrar una ansiedad intensa y miedo al estar o simplemente pensar que se va a encontrar en ambientes o ubicaciones en los que va a ser difícil salir. Y en la que no se va a disponer de ayuda en el caso de poder sufrir un ataque de pánico o simplemente una activación fisiológica incontrolable. Un miedo que también puede presentar una persona con agorafobia y que le produce mucho agobio, es, por ejemplo, el miedo a <<montar un espectáculo>>.

Los síntomas de este trastorno se clasifican en síntomas fisiológicos y psicológicos. Entre los síntomas fisiológicos más frecuentes se dan: taquicardias, mareos, temblores, mareos, vértigos, hormigueos, sudoración, dificultades para respirar, desmayos, vómitos, palpitaciones, etc.

Los síntomas psicológicos que presenta una persona con este trastorno son: miedo a poder perder el control (<<me voy a desmayar>>, <<me voy a marear>>, <<voy a montar un espectáculo>>…). Lo que definimos como miedo al miedo, refiriéndonos a esos pensamientos anticipatorios que producen en la persona mucha angustia y ansiedad.

Señor con las manos en la cara

Aunque no existe una única causa que explique este trastorno, sí que sabemos que este tipo de trastorno es multicausal. Ya que aparece y se expresa a través de factores biológicos, genéticos y culturales. Apoyados en los aprendizajes que ha llevado a cabo cada persona y que componen sus recuerdos.

Existen diferentes tratamientos para la agorafobia, pero los más estudiados y contrastados científicamente son el farmacológico y la terapia cognitivo conductual. Siendo ésta última la más efectiva ya que los beneficios se mantienen más en el tiempo.

Desde la terapia cognitivo conductual se trabajará con las creencias que la persona tiene acerca de su trastorno, sobre sus hábitos y acciones cotidianas. Para que los cambios que se produzcan durante la terapia en ambas dimensiones (tanto cognitivo como conductual), se intensifiquen. Otra de las técnicas que utiliza este tipo de terapia son las de relajación (como el mindfulness) que ayudarán mucho a la persona a gestionar la ansiedad.

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