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MINDFULNESS Y RELACIONES SOCIALES

Relaciones basadas en el amor
María Fernández 5 Septiembre, 2017 - 9:07 am en Ansiedad, Cerebro, Depresión, Estrés, General, Mindfulness, Relaciones Sociales

Mindfulness y Relaciones Sociales

 

Estoy convencida de que las personas que tienen habilidades sociales y manejan adecuadamente las relaciones con los demás tienen una vida más satisfactoria, son más felices y consiguen más metas en sus vidas que aquellas que tienen dificultades sociales.

También estoy segura de que todas las personas tenemos la capacidad de construir y modificar nuestras conducta social aumentando nuestro bienestar en general.

Repasamos algunas de las teorías que indican por qué es tan importante establecer relaciones sociales sanas, dónde aprendimos a relacionarnos de una determinada manera con los demás y si es posible cambiar esos patrones aprendidos y modificarlos para que aumente nuestra calidad social

Abraham Maslow

Maslow nos presentó la pirámide de las necesidades básicas para explicar las motivaciones que las personas tenemos. La que nos interesa aquí es la necesidad de afiliación y afecto porque el ser humano por naturaleza tiene la necesidad de relacionarse, ser parte de una comunidad, de agruparse en familias, con amistades o en organizaciones sociales.

 

La teoría de Bowlby

John Bowlby (1969) fue el primer psiquiatra en utilizar el término “apego” al afirmar que es mucho más probable que los niños se sientan seguros, conectados y amados si sus padres son capaces de permanecer sintonizados, en el momento presente, con el mundo de las emociones y necesidades internas del niñ@

Se podría decir que desde el primer momento de nuestra concepción, estamos influidos por el entorno social que nos rodea. . Una vez el bebé ha nacido va a ser determinante la conexión que establezca con su principal figura, siendo la madre la que juega el papel más importante en el desarrollo emocional de éste en los primeros meses.

Actualmente, los neurocientíficos también descubrieron que los estilos de apego afectan al cerebro. Allan Schore describe en alguna de sus obras los cambios estructurales producidos por el apego en el cerebro durante los dos primeros años de vida. Un estilo de apego insensible puede acabar provocando disfunción en la capacidad del niño para gestionar emociones. Y que este patrón o “piloto automático” puede durar para toda la vida.

 

Daniel Siegel

Daniel Siegel (2007) afirma en su obra “Mindfulness y Cerebro” que la conexión entre padre y niño provoca un estado de resonancia que permite que el niño “Se sienta sentido”. Este estado de resonancia contribuye al establecimiento, en el cerebro, de circuitos reguladores que alientan la resiliencia y la capacidad del niño para comprometerse y establecer, en su vida posterior, relaciones empáticas y significativas.

Estos estudios avalan la idea de que en muchos casos las relaciones disfuncionales que muchas personas establecen con otras pueden ser debidas a estos primeros contactos con sus figuras de referencias, y aunque estas personas hagan un gran esfuerzo para modificar este comportamiento, la propia estructura cerebral ya desarrollada y los condicionamientos, hacen que a éstas les sea muy difícil manejar de manera adaptativa su conducta emocional y social, siendo una gran fuente de distrés diario.

Se podría decir después de analizar estos estudios científicos que los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo del “cerebro social”.

 

Plasticidad neuronal

La plasticidad neuronal representa la facultad del cerebro para recuperarse y reestructurarse. El cerebro establece una serie de conexiones neuronales cuando está aprendiendo o realizando una nueva tarea. Estas vías o circuitos neuronales son construidos como rutas para la inter-comunicación de las neuronas. Estas rutas se crean en el cerebro a través del aprendizaje y la práctica, de forma muy parecida a como se forma un camino de montaña a través del uso diario de la misma ruta por un pastor y su rebaño.

Las investigaciones evidencian que la plasticidad cerebral se activa y fortalece aplicando programa clínico de ejercicios adaptados a la estructura cerebral que se quiere desarrollar o potenciar

 

¿La práctica Mindfulness puede producir cambios ese cerebro social que se desarrolló en la primera infancia? son muchos los estudios que lo confirman:

Según Siegel  la práctica de mindfulness utiliza los circuitos cerebrales sociales. Los circuitos utilizados para observar los sentimientos, las intenciones y las actitudes de los demás. Y esto hace que estemos más conectados, lo que aumenta nuestro bienestar físico, psicológico y mental.
Dice Daniel Siegel que el modo en que prestamos atención afecta a la plasticidad neuronal, modificar nuestras conexiones neuronales en función de la experiencia. “La mente utiliza el cerebro para crearse a sí misma”.

La investigación de Lutz (et al., 2008) descubrió un efecto significativo de la meditación en las regiones del cerebro implicadas en la empatía. Ante sonidos de angustia y sufrimiento de otras personas, los meditadores expertos mostraban una mayor respuesta en los circuitos cerebrales de la empatía que los meditadores noveles. Y en ambos era mayor la respuesta cerebral de la empatía cuando estaban meditando.

CONCLUSIÓNMindfulness

La práctica diaria de meditación en atención plena combinada con ejercicios diseñados para restablecer patrones de apego disfuncionales, pueden ser potenciadores de cambios en los neurotransmisores y conexiones sinápticas a corto plazo y cambios estructurales a largo plazo, mejorando las relaciones sociales y el bienestar en general manteniéndose en el tiempo.

Este análisis nos motiva a diseñar  un programa  Mindfulness donde se trabaje los estilos de apegos y habilidades sociales para así aumentar las relaciones sanas con familia , pareja, amigos, etc.

 

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